Nuevos soles se alzarán: la vida salvaje

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“La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos.” Thoreau

(…) ¡Adiós mis amigos! Mi camino desciende por aquí en la montaña, por otro lado el de ustedes. Desde hace tiempo los veo cada vez más lejos de mí. Un día desaparecerán del todo. De aquí a poco tiempo mi senda me parecerá solitaria sin su compañía. Las praderas serán landas estériles.

No cesa de palidecer mi recuerdo. El camino que recorro se estrecha y endurece, la noche está cada vez más próxima. Pero en el porvenir, nuevos soles se alzarán, llanuras inesperadas se extenderán ante mí, y hallaré nuevos peregrinos que tendrán en sí la virtud que descubrí en ustedes, que serán ellos mismos la virtud que eran ustedes. Me someto a esta saludable y eterna ley, que reinaba en aquella primavera en que los conocí, que reina en esta primavera en que me parece que los pierdo.

Amigos de antaño, vuelvo a visitarlos como quien marcha entre las columnas de un templo en ruinas. Ustedes pertenecen a una época, a una civilización, a una gloria, hace tiempo extintas. Sus armoniosas líneas aún se distinguen, a pesar de las convulsiones sufridas y de los chacales que rondan las ruinas. Vengo a reencontrar el pasado, a descifrar sus inscripciones, los jeroglíficos, los manuscritos sagrados. Ya no encarnamos mucho nuestro yo antiguo. El amor es una sed que nada sacia.

Fragmento de “Elogio de la vida salvaje”, de Henry David Thoreau

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“Sólo hay un remedio para el amor: amar más.” Thoreau

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Testamento de un payaso: Nessun dorma!!!

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Tenemos una gran Irresponsabilidad social y debemos hacer honor a nuestro oficio sin beneficio. Meter la pata, que se rían de nosotros, tropezar, estornudar ruidosamente y cantar desafinados, estas son nuestras principales obligaciones. Todos somos Irresponsables de nuestro pequeño círculo.
Cuando estemos fuera de aquí, en eso que llaman “el mundo real”, tenemos la obligación de demostrar, con nuestro comportamiento, que los payasos podemos cambiar la realidad.

Sonarse los mocos haciendo mucho ruido, (pedo: más vale fuera que dentro…) y cuando tengamos ganas de llorar, hagámoslo, pero a cántaros, mojando todo y a todo el mundo. Con la ralla bien marcada y un clavel rojo en el ojal…, para meterlo en la boca de los que gritan y en el cañón de los que quieren disparar.
Perded el paso en los desfiles, y recordad: no hay ninguna bandera que valga más que un perro abandonado. Entre desfilar con un fusil al hombro o con una escoba, no lo dudemos, cojamos la escoba que nos será mucho más útil.Joan_Montanyès__54789
En cualquier situación de emergencia, ya sea porque alguien nos grite, nos empuje para pasar él primero, nos robe el aparcamiento, o nos amenace con pegarnos, ya lo sabéis, sólo basta con sacar la bola roja y colocársela en la punta de la nariz… así… Y si así no lo calmáis, probad a darle un cacahuete, con los monos que son mucho más inteligentes que algunas personas, funciona.

La corbata siempre de colores, los bolsillos llenos de confeti y cuando estemos en casa de alguien demasiado serio, no olvidemos de aserrarle una de las patas de su butaca preferida… y si este alguien demasiado serio se empecina en recitarnos un importante discurso, pidámosle el texto fotocopiado. Ya sabéis que con los papeles se pueden hacer fantásticos aviones voladores, muy útiles en momentos de aburrimiento mortal.
Los árboles son para subirse a ellos, no para cortarlos, sobre todo no abandonéis esta vida sin haber tirado un pastel de nata a la cara de un amigo, y cada noche, antes de ir a la cama, exigid siempre un cuento, sin importar la edad que tengamos…

La noche es nuestra. Las cometas mecen nuestros sueños y hacen que se conviertan en realidad. Todos tenemos derecho a adormecernos convencidos de que las hadas existen, que los príncipes son valientes y que los payasos tienen el arma más poderosa de la felicidad: la risa.

Nessum dorma, amigos…
All’alba vincerá!
Vinceró, vincerá! Vincerá!

Testamento de Joan Montanyès, Monti
(traducción de la fuente original)

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Calor y listas mínimas para no convertirse en zombi.

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Seres humanos afectados por el calor veraniego.

Estoy tórrida estos últimos días, en serio. Pero no en el sentido lúdico y venéreo del asunto, si no en el climatológico. Como muchos de vosotros, esto durmiendo poco y mal, y mi cerebro tiene menos flexibilidad  que la Dama de Elche en una clase de yoga. Soy incapaz de escribir nada coherente, a pesar de que sigo teniendo mucho que deciros todavía. Así que voy a intentar, como mínimo, anotar aquí los mínimos, tipo checklist.

En general no soy partidaria de hacer listas, aborrezco planificar demasiado porque me aburre mortalmente. En mi opinión, es absurdo autoevaluar la capacidad de asunción/ejecución de tareas mediante un listado infinito de quehaceres, y frustrarse a continuación por los pobres resultados obtenidos. Eso sí, tachamos con rabia y surrealista alegría los ítems alcanzados en la boba competición con nosotros mismos. Incluso la definición que da la Wikipedia -la Rae está resultando menos creíble con el paso de los años-, da miedito: “Una lista de comprobación es una herramienta de ayuda en el trabajo diseñada para reducir los errores provocados por los potenciales límites de la memoria y la atención en el ser humano. Ayuda a asegurar la consistencia y exhaustividad en la realización de una tarea”. Madredemiarma, qué perfectos tenemos que ser todolrato!

En fin, que sucumbo a la fiebre de organizarme, y apuntaré cuatro cosas, sólo para no olvidarme de lo esencial, por si en un subidón de temperatura se me funde la CPU y no recuerdo las simples cosas que me hacen feliz en mi terrible rutina diaria:

  • Adivinar la fase de la luna. En el hemisferio norte, la luna es algo mentirosilla, y cuando está en creciente parece una letra D. Cuando mengua, adopta la forma de la C.
  • Comunicarme mentalmente con cualquier animal no humano con el que me cruzo. Cualquiera me vale (gatos, perros, palomas, golondrinas, hormigas, …cucarachas no tanto). Es la única manera de seguir conectada a lo que soy entre tanto ruido urbano, y alternar con seres nobles e inteligentes, mucho más que los zombis del metro.

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  • Intentar cambiar la ruta habitual para ir al trabajo o a casa, o añadir nuevo elementos y paradas para contemplar cosas que estaban ocultas en el paisaje de mi costumbrista jornada. Eso me ayuda a no volverme loca o idiota y a renovar mis conexiones neuronales.
  • Demorarme en un banco de ese nuevo camino, mientras me fumo un cigarro para poder observar el curioso movimiento humano y buscarle la poesía a lo cotidiano.
  • A pesar de la puñetera prisa, pararme. Disfrutar de unas nubes caprichosas, de un cielo especialmente bello, o de una ráfaga de viento fresco. Aguzar el oído si escucho el canto de un pájaro, para adivinar de dónde proviene. Ese pequeño es muy valiente imponiéndose al estruendo de la ciudad, como mínimo que haya alguien que le escuche atentamente.
  • Imaginar las historias de las personas que me rodean, intentar adivinar qué significan sus expresiones faciales o los gestos del cuerpo para entender el acto comunicativo como algo universal, que nos acerca a la esencia común. O, simplemente, curiosear lúdicamente.
  • Caminar despacio mientras disfruto de canciones acordes a mi estado de ánimo, a mis recuerdos o moods. Algún día os hablaré de la importancia que tiene en mi vida la música, de cómo me ayuda a reconectar, a desinhibirme o a elevarme. Hoy, os enlazo directamente al rincón de la memoria que guardo en Spotify. Todo eso, soy yo:

Ya está, que hoy no doy más de mí. ¿Y a vostrxs, qué simples cosas os evitan la zombificación?

Eleanor Roosevelt haciendo una lista de cosas bonitas

Eleanor Roosevelt haciendo una lista de cosas bonitas

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No, no volveremos a vagar

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Christian Schloe, “Portrait of a Heart”

Así es, no volveremos a vagar
tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
y la luna conserve el mismo resplandor.

Pues así como la espada gasta su vaina,
Y el alma consume el pecho,
también el corazón debe detenerse a respirar,
e incluso el amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
y los días retornan demasiado pronto,
Aún así no volveremos a vagar
bajo la luz de la luna.

“No, no volveremos a vagar”, Lord Byron


An image from the cover of Hollow City by Ransom Riggs the sequel

So, we’ll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.

For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the heart must pause to breathe,
And love itself have rest.

Though the night was made for loving,
And the day returns too soon,
Yet we’ll go no more a roving

By the light of the moon.

“So, we’ll go no more a roving”, Lord Byron

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La cita más importante de mi vida.

“Amarse a uno mismo es el comienzo de una larga vida romántica.” Oscar Wilde

Hacía mucho tiempo que no quedábamos. No había modo de encontrar un hueco en nuestras respectivas agendas porque nuestros horarios no coincidían: las obligaciones familiares, el trabajo, el cansancio o la desidia, nos lo acababan impidiendo. Dicen que la distancia es el olvido, y sí. La relación se había deteriorado muchísimo y ya casi la dábamos por perdida. Ya sabéis que cuando pasamos demasiado tiempo sin hablar con alguien nos cuesta retomar el contacto, como si algo se hubiera roto o fuera imposible reconectar por miedo, vergüenza o dejadez. Pero a pesar de todo, ella y yo nos echábamos mucho de menos, y a menudo la una pensaba en la otra con nostalgia; sentíamos que aún nos quedaba mucho por compartir. De repente, un día en el que la rutina había sido terriblemente gris, decidimos reorganizar nuestras prioridades y valorar de nuevo las pequeñas cosas. Aprendimos a ser egoístas en los afectos para así pensar nuestra relación como el asunto más urgente. Aparcamos las excusas, la pereza, la sobrecarga y la indolencia. Y quedamos para fundirnos en un gran abrazo.

Os lo cuento aquí porque ha sido el encuentro más importante que he tenido en estos últimos tiempos: he disfrutado, al fin, de una cita conmigo. Por primera vez en mucho tiempo, me he dedicado unas horas, sólo he estado íntegramente pendiente de mí y de lo que me hace feliz. Sin filtros ni concesiones a nadie. Establecí meticulosamente el tiempo y el espacio para disfrutar de las cosas que me gustan: en esta ocasión escogí dar un paseo en silencio y acercarme a lugares que me reconectan con lo que soy o me recuerdan lo que quiero. Como dice la “Canción de las simples cosas”, escrita por César Isella, y tan bellamente interpretada por Chavela Vargas:

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol, la mesa tendida.”

También decidí llenarme los ojos de belleza, ya no con los jardines urbanos que visité, si no también con el arte. A pesar de que no tengo formación en arte ni soy una conoisseur, me gusta sentirlo a menudo, y zambullirme aunque no tenga las palabras para describirlo, o una crítica desarrollada y madura. Tampoco encuentro tiempo para visitar los museos que me gustan o, si he podido hacerlo, he sentido la premura de no importunar a mi acompañante con mis demoras de friki irredenta. Me gusta detenerme muchísimo en cada cuadro, observar el trazo, acercarme, casi tocar la fibra del pincel que ya no está, e imaginarme el momento de la plasmación, hace tantos siglos. Y adoro hacerlo, sobretodo con la pintura medieval y del renacimiento. Me transportan, viajo mentalmente con la música que trasminan sus lienzos, tablas y  frescos. Y experimento entonces la sinestesia absoluta: veo olores (nauseabundos y delicados) y escucho gradaciones de vivos colores, que acaban en el pan de oro de las puntas de mis dedos, deseosas de infringir la norma del museo (no tocar). Quiero saborear el relieve de esa pintura, sin más proporcionalidad ni perspectiva que la propia anima mundi. Me dejo secuestrar por la abstracción parlante de los maravillosos mártires, vírgenes y cristos dolientes, que se debaten entre almas desesperadas y extrañas figuras daimónicas. Orgía visual sólo para mí y sin tener que dar explicaciones ni ser una estupenda ante nadie.

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“Siempre estás contigo mismo, por lo que también deberías disfrutar de la compañía”. Diane Von Furstenberg

La cita, pues, resultó un éxito. Llegué a mi casa recargada, plena y radiante. Con una nueva mirada, menos tensa y crispada con la vida. Ahora tengo más ganas de enfrentarme a esa rutina que me asfixia, y he resuelto que no pasará tanto tiempo para volver a citarme. Así que, por el cariño que os tengo, os recomiendo vivamente que os reunáis de una vez por todas con vosotrxs mismxs, que quedéis por fin con vuestra mismidad, tan olvidada a menudo por tantísimas razones (cada uno tendréis la vuestra). Fijad un día para el encuentro, elegid el plan que más os apetezca, aquello que siempre postergáis o que no sabéis con quién compartir. Os aseguro que seréis vuestra mejor compañía ese día. A principio os resultará extraño, como cuando hace mucho tiempo que no has visto a una amiga, y los primeros minutos resulta algo incómodo o turbador. Repentinamente, os daréis cuenta de que el cariño que os tenéis sigue ahí y os ayuda a fluir, a sentiros a gusto y las horas os pasan sin daros cuenta.

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“Amarse a sí mismo es reconocerse y elogiarse verbalmente. Es aprobar totalmente las propias acciones. Estar seguro de las propias habilidades. Amar el propio cuerpo y admirar la propia belleza.” Sondra Ray

Los planes son infinitos, dependiendo de lo que echéis en falta en vuestros adentros. Os puede apetecer un paseo por la playa de manera consciente, asistir a un taller de constelaciones o disfrutar de una lectura postergada, acompañada de un buen vino. Quizás podríais ir al cine, a ver esa película a la que nadie quiere acompañaros, o asistir a un concierto de música bizantina. ¿Y escuchar ese disco de U2 cincuenta veces seguidas, sin nadie que os censure el gusto u os llame cansinos?.
Y están las otras citas, también necesarias, las del hedonismo absoluto. En esas decidimos ponernos bellos y perfumados para nosotras mismas y seducirnos. El día a día a veces nos embrutece y mina nuestra autoestima, así que una cita sensual con nuestro cuerpo y nuestras ganas de fascinarnos, es imprescindible. Un baño o ducha aromáticos, a solas, con velas, incienso y música que nos haga vibrar. Luego una cena rica y caprichosa. Eructar a gusto. Un buen vino o cualquier bebida que nos alegre el corazón. Y consumar la cita, por qué no. Tocarnos con cariño, regalarnos el placer que la rutina o una pareja demasiado cansada o poco predispuesta no nos procura, llegar a ese orgasmo libre, liberador y profundo que sólo nosotras nos podemos brindar. Y luego dormirnos mimándonos con ternura, sintiendo que el abrazo más importante de nuestras vidas, es el primero que nos damos a nosotras mismas.

Crea una cita inolvidable. Y trabaja ese quererte y cuidarte cada vez que te encuentres a solas con lo que eres. Recuerda que si no, como decía Pablo Neruda, “algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente, te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Así pues, ¿cómo tienes la agenda esta semana?

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Sororidad queer: hermanas en lo torcido

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“No hay que tener miedo al cambio, sino buscarlo. Porque cambiar es detenerse en el camino y subirse a un alto para ver lo que va siendo nuestra vida, en qué se parece a lo que nos gustaría que fuese.” Josefina Aldecoa

Pues si, un paso más y otra vuelta de tuerca. Porque me da la gana y porque la teoría la inventan las teóricas con morro. Pues ala. Que sepáis que desde ahora declaro obligatoria y prioritaria la “sororidad (1) queer”. Que sí, que esto va de que consideres como tus hermanas de leche, fluidos e ideas, a todas aquellas (con)géneras torcidas, extrañas, desviadas, raras y transgresoras como tú. Se trata de reconocerse como aliada, y no como opuesta. Entre las cuir (uy, que a ti no te gusta que te trate en femenino, perdona rey) no tiene que haber antagonismos o distancias insalvables, sino colaboración. -O si no puedes con tu vida, pues que al menos no hagas zancadillas a esa zorra que tanto te molesta-.

Todas hemos experimentado la exclusión, el rechazo, la opresión, el dolor, el abandono, la pérdida. Y aunque no te dé la gana, eso nos hermana, mariví. Y nos da herramientas para el cambio y la trans-formación. Vamos, que si la lagarta necesita cualquier aditamento, ánimos, lentejuelas, plumas, lápices, espadas o lengüetazos, vayas corriendo para allá y se los prestes. Que si a la perra de tu (en)(a)miga se le ha perdido un hueso, se lo restituyas. Que le lamas la patita herida si hace falta, coño. Primero las setenteras proclamaron urgente lo de la solidaridad femenina (a las de los sesenta eso ni se les pasaba por la cabeza, tenían demasiado trabajo en quitarse los bigudís por la noche sin que les viera su marido), por aquello de acabar con lo del peor enemigo de una mujer es otra mujer. Ellas nos animaron a actuar bajo un pacto de no agresión mutuo (que triste suena), un compromiso entre mujeres que decía que la acción es prioritaria para detener los abusos y percances a los que nos somete a todas el heteropatriarcado. Por eso mismo, las sorellas emitíamos un agudo grito de guerra enteramente sisterhood para protestar contra cualquier injusticia que ahogara a nuestras hermanas chinas, negras, peruanas o vallisoletanas.

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“Ser mujer es fascinante, constituye una aventura que requiere considerable valentía, un desafío que nunca llega a aburrir”. Oriana Fallaci

No se trata(ba) sólo de acudir a manifas, hacer minutos de silencio, pintarse la cara, rezar el rosario, hacer colectas o de tomar un carácter asistencial. ¡Una tenía quecreerse igual a su vecina! ¿Que yo, universitaria de pro, leída y viajada soy igual quela antillana esa llena de roña, tan maltratada y explotada? Anda, anda, pásame otro gintonic que les voy a organizar una concentración delante del ayuntamiento y van que se las pelan. Mira tú que difícil pero que hermoso era lo que nos proponían nuestras madres, tías, amigas de los ’70, isn’t it?Y ahora os pido una nueva sororité. Evolution. Sister, my sister (oh, my!). Pero ahora va, de todos los seres con pluma del planeta. -Ay, ahora no sé si tendría que haber dicho esto de la pluma-. Venga, me arriesgo y digo también aquello de ni mujeres ni hombres ni trans ni cyborg sino todo lo contrario.De verdad, reina, es que lo que pasa es que esta que escribe cree que todas las queer, todos los intersex, middlesex, personas autoetiquetadas y paradefinidas tenemos que defendernos a uñas, dientes, camión y laca de la transmarikabollofobia, la represión, la gazmoñería y la repelencia imperantes en esta sociedad del XXI de la“tolerancia” y la triple moral: “te tolero siempre que te comportes debidamente, noescandalices, marika!”.

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“Lo importante no es ser “queer” (esto sería una contradicción puesto que “queer” no es una identidad) sino mantener una actitud crítica con respecto a los efectos normalizadores y excluyentes de toda identidad sexual”. Beatriz Preciado

Hay que limar diferencias, queridas, dejar de discutir por esto y por aquello. Que si yo soy gayer y no trago a bolleras y mariliendres. Que si tu te tomas más hormonas que yo, que si yo no quiero tomar, que si me opero, que si nos operamos todas o no vale. Que si soy la más radical porque me meto un frigodedo en el coño mientras suena Mozart, que si esto no es queer porque no sangra ni grita ni tiene orgasmos. Señoras, señores, monstruxs: ¡basta ya!. Ya lo dicen los fascistoides y las beatorras de medio pelo, ya. Que divide y vencerás. Que mientras más nos arañemos y peguemos con el bolso (o con el dildo, que más da), más tiempo les da a ellos a ganar elecciones, lanzar decretos y subirse a las peanas, púlpitos y periódicos para proclamar lo enfermitas y desviadas que somos. 
Amémonos, pues, las unas a las otras, va… Hagamos el esfuerzo de escucharnos y crear nuevas complicidades aunque seamos garrulas, hormonadas, ositas, ilustres, históricas, locas, femeninas, modernas, feas, musculosas, camioneras, parapléjicas, tontas, gordas, operadas, universitarias, marikas, cisgéneras y travelas. Eso sí, no volvamos a caer en un ejército de salvación o en una “Sección Femenina” evolucionadas hacia lo torcido; simplemente tomemos el compromiso firme de echarnos una mano, alimentar lo que hace la compañera, animar las iniciativas de la vecina, y no sacarnos ningún ojo. Aún podríamos crear el paradigma de la liberté, fraternité, sororité monstruoso. Creedme, la mayor de las revoluciones, subversiones, provocaciones y masturbaciones públicas, escandalosamente y rabiosamente modernas y estupendas, es quereros, nenas! O como decía Itziar Ziga:

 “Seguir aprendiendo a defendernos unas a otras. A generar espacios de seguridad y gozo colectivos. A minimizar el inmenso daño que recibimos cuando respondemos a su violencia. A no cuestionarnos unas a otras y empatizar políticamente. A no reprocharnos a nosotras mismas las alianzas que elegimos y tampoco las que no elegimos. A pedirle aliento y protección divinas a Sylvia Rivera, aquella travesti puta portorriqueña yonky sintecho guerrera y activista siempre que lanzó un tacón contra la policía el 28 de junio de 1969 en la puerta del bar Stonewall en Nueva York. Y a celebrarnos cada día no sólo por resistir y plantar cara al enemigo heterodominador, sino también por disfrutar cada minuto de estas vidas que son más nuestras porque nos las hemos ganado a pulso”.

“Es urgente e imprescindible en el siglo XXI una rebelión de cuerpos”. Beatriz Preciado


(1) “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”. Marcela Lagarde, antropóloga mexicana

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Quien tenga oídos, que oiga…

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HAUIZAN HASIERA

Bai
eta egun batean isilduko naiz,
esan eztitudan bitzak
esan ondoren
Bai. Eta ez.
Beharririk duenak…


y algún día me callaré
después de decir las palabras
que no he dicho
Sí. Y no.
Quien tenga orejas… (1)

Gabriel Aresti


(1) Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni nada ha estado en secreto, sino para que salga a la luz. Si alguno tiene oídos para oír, que oiga. También les decía: Cuidaos de lo que oís. Con la medida con que midáis, se os medirá, y aun más se os dará. (Marcos, 4 22-24)

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Vaya fauna: de la crueldad, el respeto y el amor a los animales

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“Todos los seres aman la vida, desean placer y temen al dolor; no desean ser lastimados; todos desean la vida y para cada ser, su propia vida es muy preciada” (versículo jainista – budista)

Desde que era muy pequeña los animales han sido una parte fundamental de mi vida y me han procurado felicidad sólo con compartir tiempo y espacio con ellos. Mi padre me enseñó a amarlos. Me he pasado horas contemplando el vuelo de las golondrinas, y he criado y enseñado a volar a las que me encontraba caídas de los nidos. He acogido a palomas, tórtolas, gatos, canarios, caracoles y periquitos huidos. Si queréis verme llorar con una película, “Gorilas en la Niebla” lo consigue de manera escandalosa. Me gusta el terror, las películas de zombies y survival, y mi nivel de tolerancia a la sangre artificial es muy alta, pero no soporto ver ni un sólo gesto de maltrato hacia cualquier animal. Si, ni a una mosca. Cuando en casa entran cucarachas, polillas, mariposas nocturnas u otros insectos, hago lo posible para no dañarlos y alejarles del entorno humano: sé con certeza que desde nuestra prepotencia especista, su vida no vale nada, y un zapatazo costumbrista va acabar con ella. Por eso alejo a esos bichillos de mí y de los que me rodean. Porque por desgracia, aún nos creemos a pies juntillas una de tantas herencias negativas de nuestra cultura judeocristiana:

“Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.” Génesis, 1:28

"Aquel que se apiade aunque sea de un gorrión y le salve la vida, Allah será misericordioso con él en el día del juicio". Mahoma.

«Para los animales, hemos convertido la Tierra en un eterno Treblinka». Isaac B. Singer, escritor judío reconocido con el Premio Nobel en 1978

Terrible como siempre, el dios bíblico. Nos lo hemos tomado (como todo lo que nos interesa) al pie de la letra, y llevamos sometiendo y dominando a nuestros compañeros de planeta desde los inicios. Nos vinimos arriba con lo de ser dueños y señores de la Creación y no hemos detenido nuestras ansias destructoras y despóticas en ningún momento. Como apuntan desde Ecologistas en acción, “en los últimos 500 años, la actividad de los seres humanos ha condenado a la extinción a 844 especies”. ¿Os da una pequeña idea esa cifra de la cantidad de vidas ricas, diversas, maravillosas y únicas que nos hemos llevado por delante con nuestra civilización? Destruimos especies, y por otro lado favorecemos el sobrecrecimiento de otras que nos benefician a nivel económico  Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la  Alimentación (FAO), sólo en 2002, 63.000 millones de animales de granja (vacas, ovejas, cabras, cerdos, gallinas, conejos) y 156.000 millones de toneladas de animales marinos fueron sacrificados en todo el mundo. ¿De cuánto sufrimiento, dolor y muerte gratuita estamos hablando? Porque el argumento de que hay que alimentar a la población blablabla ya no convence a nadie que esté mínimamente informado. Las explotaciones ganaderas, un término descriptivo de lo que son, se han convertido en monstruos inhumanos y sádicos de producción en cadena, donde se maltrata dura y gratuitamente a los animales desde que nacen hasta que son sacrificados: son arrancados de sus madres de inmediato, hacinados en espacios que les inmovilizan de por vida, se les atiborra a hormonas y antibióticos (para evitar las infecciones masivas de las heridas producidas por el maltrato y la sobreexplotación), se les somete a miedo, estrés, privación de movimientos, luz, aire, agua y contacto, se les mutila, marca y hiere. Se les transporta, finalmente, al matadero en condiciones aún más inhumanas (total, los van a matar) y mueren con un terrible estrés, sufrimiento y dolor (no, no es una muerte compasiva). Y mis fuentes no sólo son las organizaciones animalistas que han podido recopilar material gráfico e información de primera mano, si no que si leéis uno de los informes de la FAO sobre el tema del maltrato y el consumo de carne, estamos en las mismas: sufrimiento gratuito. Y lo más triste de todo, es que un tanto por ciento elevadísimo de la carne sacrificada no se consume, se tira. Durante el proceso de transporte, la venta y posteriormente el consumo. Somos especialistas en desperdiciar alimentos. Producción con excedentes, derroche de recursos, medio ambiente y comida, y a pesar de todo, en 2015 ya son más de 800 millones de personas sin acceso a alimentos.

Y no nos basta con justificar todo este despropósito con el tema de la alimentación, también tenemos excusas para cosificar a los animales y divertirnos a su costa. Los confinamos en zoos y aquariums, los utilizamos como entretenimiento sádico en fiestas y eventos, los sometemos a vacíos experimentos cosméticos o innecesarios, les arrancamos la piel para vestirnos como burgueses, los compramos para satisfacer nuestra ansia acumulativa o demostrar nuestro nivel adquisitivo criando indiscriminadamente animales de raza que han sido manipulados genéticamente para tener los rasgos más atractivos a nuestras necesidades egotistas y desquiciadas. No tenemos respeto por su individualidad, sus necesidades de bienestar, libertad y felicidad, y nos permitimos el lujo de “poseerlos” como “mascotas” o “animales de compañía” en lugar de acogerlos como amigos. Qué tristes somos, que necesitamos causar dolor y angustia a otros seres para sentirnos mejores, menos solos o estar más contentos.Enseñamos a nuestros hijxs que las otras especies son inferiores y están bajo nuestra tutela y mando, que podemos hacer con ellos lo que queramos y usarlos como un juguete, que son tontos y carecen de sentimientos. Llevamos a los niños y niñas al zoo y al aquarium como actividad familiar y lúdica, les permitimos ver corridas y festejos crueles y participar de ellos, 1. 11. España polémica por el maltrato a los animales. niña pateando toro muertoles mostramos que es divertido manipularlos, causarles dolor y obligarles a realizar conductas antinaturales: son clowns, actores, freaks, bufones a nuestra disposición. Hay que domesticarlos, enseñarles habilidades absurdas, e incluso explotarles a nivel sexual para beneficiarnos económicamente. Ellos no tienen voz, no se pueden rebelar, no tienen libre albedrío, están a nuestro servicio hasta el final. Son animales de tiro, carga y monta, herramientas que una vez usadas y rotas, se tiran. Es lícito divertirse en familia, en primetime veraniego, con programas tan sumamente vejatorios y propios de tiempos pasados como “Vaya Fauna“. Está justificado por tradición española (quizás también deberíamos haber conservado la tradición del garrote vil) e ingentes cantidades de dinero, que veamos la tortura de un toro en horario infantil en “Tendido cero“. Yo también lo he hecho alguna vez, y soy responsable de iniquidad: le compramos un pollito al crío para que juegue, un perro en Navidad, una tortuga para que aprenda a ser responsable, le montamos en los extenuados ponies del feriante, le regalamos una escopeta para que aprenda a disparar a animales indefensos, y le enseñamos videos monísimos de gatitos. Estamos mostrándoles a nuestros vástagos que son seres todopoderosos con derechos ilimitados, y que el respeto y la compasión no tiene cabida en su cotidianidad de centro de la creación. Es terrorífico, el peor gore que me puedo imaginar: la falta de conciencia y educación para la no violencia y el respeto a toda vida. Como apuntan muy acertadamente los preceptos jainistas, “los humanos son los únicos poseedores de los seis sentidos: vista, oído, gusto, olfato, tacto y pensamiento; por tanto de ellos se espera que actúen con responsabilidad hacia toda la vida siendo compasivos, sin egoísmo, sin miedo, racionales y misericordiosos.” ¡Esa, esa es nuestra única obligación, coño!

Propongo, pues, a los que sois madres, padres o tutorxs de esas conciencias infantiles, o a vosotrxs mismxs, que la próxima vez que queráis mostrarles la vida animal, penséis en la opción de apoyar económicamente en nombre de la familia, a un santuario animal. Son espacios de cuidados, libertad, respeto y cariño para animales que provienen de situaciones de sufrimiento o que han sido abandonados. Normalmente los padrinos pueden visitar el lugar, siempre respetando las necesidades de los habitantes del santuario y desde una perspectiva pedagógica, no de entretenimiento ni lucro. Son proyectos preciosos y basados en la iniciativa privada, que no reciben más ayudas que las de las personas que se quieren implicar. Yo he apadrinado a dos bellos seres, uno que vive en el Santuario Gaia (Gerona) y otro en el Hogar ProVegan (Tarragona), pero si queréis buscar algún sitio que os quede más cerca, aquí tenéis un listado de los diferentes hogares que hay en España.  También tenéis la opción de ayudar físicamente en una protectora, o a una organización que luche por todos estos derechos animales y deberes humanos. Y aquí hay información sobre educación, películas y espacios respetuosos con los animales, recopilada por educadores. Podéis cuidar vuestra alimentación y la de los vuestros reduciendo la ingesta de productos animales u optando por una vida vegetariana o vegana sana, rica y equilibrada. No hay excusa. Ah, y el argumento “con la de niños que pasan hambre y tú te preocupas por los bichos”, ni me molesto a rebatirlo. En todo caso, animo a esas personas que esgrimen esa boludez para no sentir empatía por cualquier ser, a que se comprometan entonces con una ONG del tema que tanto les preocupa, que no es incompatible, si no todo lo contrario. Amar a los animales sería imposible si no amaramos a las personas. Y yo no concibo amar de manera sana a las personas sin amar además a los animales. Los budistas, por ejemplo, están convencidos de que somos tan agresivos entre nosotros porque no somos capaces ni siquiera de tratarles bien a ellos. Cuanto menos valoremos cualquier forma de vida, menos valoraremos la de nuestros semejantes.  También Mahoma escribía: “Aquel que se apiade aunque sea de un gorrión y le salve la vida, Allah será misericordioso con él en el día del juicio”. Sea por cuestiones religiosas, morales, éticas o de pura sensibilidad, no creo que nos quede más opción en este planeta, herido y maltrecho, que empezar a sacarnos las pelusas del ombligo y mirar hacia el sufrimiento de otras personas y animales. Vamos a empezar por concienciarnos firmando un par de Change.org actuales (enlaces más arriba), y luego salgamos de las pantallas del ordenador para luchar por la ternura y la consideración hacia el resto de seres vivos. Denunciemos si sabemos de algún caso de maltrato. No hay tiempo que perder, somos su voz.

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“Mientras el círculo de su compasión no abarque a todos los seres vivos, el hombre no hallará la paz por sí mismo” Albert Schweitzer, premio nobel de la paz 1952

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Escuchar sus miradas: retos educativos para el XXI

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“Ésta es nuestra obligación hacia el niño: darle un rayo de luz, y seguir nuestro camino.”(Maria Montessori, 1870-1952. Educadora y médica italiana)

La educación de los hijos ha sufrido multitud de virajes a lo largo de la historia, desde ignorar la fase infantil y obviar la adolescencia, hasta infantilizar al máximo a lxs niñxs evitándoles todo atisbo de responsabilidad personal y educación sociocultural. Toda una nueva ola de supermadres, des de las sangrantes, hiperpreocupadas, teta en ristre y partidarias del laisser faire, que se enfrenta a otra, la caterva de las más rigidas, conservadoras e hiperocupadas.

La cosa educativa sería más fácil y sin fisuras ni grupúsculos si únicamente nos pudiéramos centrar en lo más importante: la criatura en cuestión; un ser vulnerable, maleable y carente de derechos propios si no nos preocupamos nosotrxs de otorgárselos. A parte de los Derechos del Niño promulgados por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1990, donde ya se recogen aspectos sobre el derecho a la educación integral para una correcta y sana socialización, educar a lxs niños no es sólo llevarlos al colegio y a inglés, necesitan también formación humana, conocimientos de ética y de normas cívicas, educación vial y vital y, sobretodo, educación en valores  y en la cultura del esfuerzo: autocrítica constructiva, generosidad, respeto a la diversidad, alegría, superación…

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“Es más acertado contener a los niños por honor y ternura, que por el temor y el castigo.” (Terencio,195 AC-159 AC. Autor cómico latino)

Hace más de 20 años que me dedico profesionalmente a las “otras enseñanzas”, a gestionar el tiempo libre, las actividades extraescolares, el ocio y el conocimiento “accesorio” de niños y niñas de entre 3 y 16 años. Esta experiencia, que me ha permitido trabajar en centros de enseñanza reglada (colegios e institutos) y en instituciones diversas (centros de acogida, centros abiertos, entidades de educación alternativa), también me ha obligado a lidiar con parentalidades equivocadas (sobreprotectoras y/o represoras) y con gestiones pedagógicas nefastas para el desarrollo emocional de lxs niñxs.

Es una obviedad, pero yo al menos, necesito repetirme cosas sabidas para avanzar y no olvidarme de lo importante: cuando estamos al frente de la educación y el cuidado de menores (esta palabra tan cacareada en juzgados e instituciones y que me produce cierto escalofrío), somos absolutamente responsables de su bienestar. Ojo, que no basta vestirlos, asearlos y escolarizarlos. Hablamos de material sensible, de corazones y mentes que necesitan un máximo de atención, respeto y escucha.  Porque normalmente, -seamos sincerxs-, los discursos de nuestrxs hijxs o alumnxs nos parecen tediosos, y sus preocupaciones, insignificantes. Nosotrxs, lxs adultxs, tan pre-ocupados por la crisis, la política, nuestros bolsillos y la inseguridad ciudadana, y resulta que la primera inseguridad, crisis y problema social lo tenemos en casa. Hagamos eso tan antiguo del exámen de conciencia: ¿Cuánto tiempo dedicamos realmente a practicar una escucha activa de lxs más pequeñxs? ¿sabemos lo que les gusta, lo que no soportan, en quién confían, con quién juegan o qué desean? ¿nos estamos dando cuenta de si sufren acoso escolar, rechazo, marginación o padecen algún tipo de incomprensión en su entorno?

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“¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? . Debe ser fruto de la educación.” (Alejandro Dumas,1803-1870. Escritor francés)

La sordera de lxs adultxs a veces es terrorífica. Bastaría pararnos unos minutos al día, -quince minutos de calidad bastaría, os lo aseguro-, mirando a los ojos a nuestrxs niñxs, para darnos cuenta de la inmensa riqueza que nos pueden ofrecer a cada palabra, gesto o explicación. No importa la edad, no importan sus conocimientos, pero sí deberíamos prestar atención a su lenguaje no verbal, a sus comportamientos y a su forma de mirar. Muchísimas veces, en mi trabajo, una mirada infantil me ha revelado tanto dolor que me ha estremecido profundamente. Un niño aparentemente “normalizado”, la mayoría del tiempo es desoído, ninguneado y considerado simplemente un “educando” o uno más en casa. Es una persona completa, un ser humano con derechos fundamentales (a la intimidad, a la ternura, a ser protegido y escuchado, a ser educado desde la firmeza de valores y no desde el despotismo). Necesita que le mostremos cómo aprender sus límites y a socializar de manera correcta, siendo fuertes y libres para no ceder a sus instintos o caprichos, lo cual le conllevará problemas personales a medio plazo.

No vemos más allá de nuestras orejas cuando se nos presenta la diversidad en todo su esplendor y riqueza: la diferencia del niño o la niña discapacitada, o el niño de la inteligencia emocional alta, o la niña del coeficiente intelectual muy desarrollado, o la criatura que aprende más despacio y a su ritmo, la niña transexual, el niño que vive en un centro de acogida porque sus padres no pueden hacerse cargo de él, la niña gordita, el niño gitano que nos cuenta maravillas del culto, la niña de padres bolivianos, el anodino vecinito del quinto. Todxs ellxs son un pozo de sorpresas y aprendizaje para nosotrxs -que estamos de vuelta de todo- y ternura. No la ternura mal entendida, blanda e ineficaz del algodón de azúcar y la película americana, no, la ternura real. La que te eriza el vello cuando te dicen que te quieren, o te abrazan porque sí, cuando te dan las gracias por haberles escuchado, cuando se alegran de verte, cuando ves ese brillo de inteligencia, libertad y felicidad en su mirada.

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“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón.” (Howard G. Hendricks, Intelectual y escritor estadounidense)

Desde aquí propongo revisar los derechos de lxs niñxs según la escucha activa, la ternura y la firmeza, promulgando:

  • Derecho a que lxs miremos con amor y ternura, sin etiquetas. Prohibido por decreto ley, decirles lo que son según nuestro obtuso punto de vista y sólo porque detectamos actitudes en ellos que no nos gustan, no comprendemos o no tenemos ni idea de cómo proporcionarles herramientas de cambio: “eres malx”, “eres maleducadx”, “tú eres tontx”, “no hagas el idiota”, “haces el ridículo”, “estás loco”, “eres raro”…
  • Derecho a la individualidad y a la diversidad (funcional, emocional, de género, de sexualidad, de inteligencias, de habilidades). Intentemos no usar lenguajes o expresiones sexistas, racistas u homófobos, y procuremos no decir nunca más: “ya podrías parecerte a fulanx”, “tienes que ser como los otros críos”, “eres un inútil”, “eres lento”, “eres torpe”, “las niñas no juegan con estas cosas”, “los niños no pueden dar besos a otro niño”, “yo a tu edad era muy bueno en eso”, “pareces tonto”, “vas sucio como un gitano”, “lloras como una nenaza”, “eso es de mariquitas”, “siempre dando la nota”…
  • Derecho a ser escuchados y a que sus inquietudes y gustos sean respetados y alentados. Desterremos frases como: “no tengo tiempo para tonterías”, “eso cuéntaselo a tus amigos”, “qué bobada es esa”, “deja de hacer eso constantemente”, “cuando yo era pequeño eso no se hacía”, “eso no es un problema, es una chorrada”…
  • Derecho a su intimidad, a su sexualidad y a su desarrollo natural. Quizás deberíamos replantearnos la excesiva sexualización de juguetes, juegos y lenguajes para nuestrxs hijxs. Deberíamos dejarles ser lo que son, niñxs. No les agarremos de cualquier modo y en cualquier sitio, no les avergoncemos tocándoles sin pudor, no les alentemos a tener actitudes, gustos o ropa de adultos, dejemos que crezcan sanos, seguros, confiados, respetados y sin prisa. Respetemos también su desarrollo sexual sin intimidarlos ni censurarlos, ellos no entienden todavía de tabúes ni de contenidos o “actos prohibidos”, sólo facilitemos herramientas para protegerse de abusos y ataques a su intimidad, pero sin hostigarles ni atemorizarles. Intentemos no lanzar mensajes como:  “ya eres muy mayor para eso”, “¿quién es tu novix?”, “haz pipi aquí, que no pasa nada”, “no te toques que es de guarros”, “las niñas no hacen eso”, “te he comprado un top como una mayor”, “saca morritos”, “si te has hecho pipi en clase te cambias aquí en medio de todos”, “deja que te abrace el tio, que te quiere mucho”, “no digas tonterías, papá sólo quiere ducharse contigo”, “hoy puedes ver esta película de mayores”, “dame tu muñeco que ya eres mayor”, “a ver, saca musculitos para que te veamos todos”…
  • Derecho a la estimulación de todas sus aptitudes, particularidades y habilidades. No deberíamos proferir bestialidades como: “harás lo que hacen todos”, “no quieras ser diferente”, “te gustan cosas muy raras”, “eso no sirve para nada”, “búscate algo útil para hacer, con eso no te ganarás la vida”, “el niño nos ha salido hippy”…
  • Derecho a explicaciones, opiniones y a ser escuchados. Nuestrxs niñs piensan por si mismxs, desarrollan inquietudes personales, familiares y sociales, sobretodo si son convenientemente estimuladxs. Contemos con ellxs en todo momento, procuremos explicarles el porqué de las cosas, y desterremos frases como: “porque lo digo yo”, “tú que sabrás”, “qué tonterías son esas”, “cuando seas mayor lo entenderás”, “porque si”, “yo soy quien manda aquí”…
  • Derecho al afecto real, sano y equilibrado, a la ternura sencilla. De nada nos sirve comernos a besos a los infantes si, a al cabo de media hora, cuando se les cae el vaso al suelo o no actúan como esperamos, les pegamos un manotazo o un grito desmesurado. O al revés, ser estrictos hasta la naúsea, no dejarles respirar y pedirles que se comporten como adultos. Los niños necesitan equilibrio, saber que cuando les damos afecto es real y sin histrionismos sociales, deben aprender de nosotrxs a ser sinceros, auténticos y profundos en el amor. No debemos chantajear sus emociones ni obligarles a sentir o a hacer cosas que no desean. También necesitan que les mostremos los límites y les ayudemos a entender cómo funciona el mundo, pero de un modo razonado, firme e inclusivo, sin violencia verbal, física o ideológica, sin política del terror o de la amenaza. Dejemos de considerarnos “figuras de autoridad” y seamos sólo referentes y espejo. Dejemos de ser “jefes” para ser líderes, dejemos de ser “padrazos”, “supermadres” o “educadores perfectos” para ser simplemente personas que les guían y les aman como son desde nuestra imperfección. Pongamos fin a esa manera de hablar que tanto les daña: “si haces cosas malas no te quiero”, “no seas maleducado y dale un beso a esta señora”, “a la próxima te doy”, “cuando lleguemos a casa te vas a enterar”, “rompes mi corazón cuando te portas mal”, “como se lo diga a tu padre verás”, “así aprenderás que no se pega”, “esto por listo”…

Corto y cierro, que necesito prestar atención a la mirada de un niño.

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“Rechazo toda violencia en la educación de un alma tierna que se adiestra para el honor y la libertad.” (Michel de Montaigne,1533-1592) Escritor y filósofo francés)


* Todas las fotos de este post, de niñxs en Nepal, enlazan a sus autorxs. Del mismo modo, aprovecho para dejaros este enlace para que los ayudéis en función de vuestras posibilidades tras la catástrofe sufrida. Aqui tenéis un enlace de ayuda:

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Los mensajes del agua: tratando de irradiar amor

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Love is blindness
I don’t want to see
Won’t you wrap the night around me
Oh my love
Blindness.

U2, Achtung Baby. 1991

En 2006, el japonés Masaru Emoto demostró científicamente que el amor, la belleza y los deseos positivos pueden cambiar la materia de manera favorable. Su experimento consistía en rotular diferentes recipientes de agua con palabras apreciativas como “amor”, “gracias” o “paz” y después de algún tiempo, congelar una muestra para observar las bellas formas que se obtenían en los cristales tras el estímulo. Curiosamente, el agua nominada de manera agradable, sometida a música de cámara, envuelta por hermosas imágenes, o sobre la que se proyectaban oraciones budistas, resultaba en formas armoniosas, delicadas y simétricas; por contra, los líquidos que recibían “maltrato emocional” o estaban rodeados de desaliño, revelaban cristales deformes y turbios.

Masaru sostenía que esta comprobación reafirmaba que los seres vivos, compuestos en al menos un 70% de agua, somos totalmente permeables y cambiantes por el poder de las vibraciones positivas que recibimos en nuestras vidas. Que eso explicaría quizás nuestras formas más burdas o enfermas si somos maltratados o jamás nos exponen a la belleza. Nuestra vibración baja de intensidad si sólo recibimos información negativa y carente de atractivo; es decir, que si no sentimos y emitimos amor, nos convertimos en toscos reflejos de lo que podríamos ser gracias a la ternura, la entrega y el júbilo. Ya os podéis imaginar que al escritor de “Los mensajes del agua” la comunidad científica internacional le linchó por necio, manipulador pseudocientífico y comercial sin escrúpulos, pero oye, me parece precioso lo que afirmaba, y me quedo con lo de que el afecto real modifica conciencias, emociones e incluso puede mejorar nuestra salud, así que lo tomo de excusa para escribir sobre el amor.

Persona-TendernessPuedo considerarme una persona muy afortunada porque me han querido profundamente y, a mi vez, yo también lo he hecho de manera incondicional, apasionada y con la más opaca de las vendas en los ojos. Desde que dispongo de memoria emocional consciente (empecé a tenerla a los 22 años, antes era una aletargada adolescente/joven sin mucha idea de lo que quería), disfruto tremendamente del hecho de saberme rendir a los sentimientos sin temor ninguno. He estado locamente enamorada y he sido fuerte como una enorme bestia de narices humeantes gracias a la química del amor, o como decía Lao Tzu: “Ser profundamente amado por alguien te da fuerza, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje”. Todo lo he podido: he emprendido altas cumbres, he luchado en todos los rings, he sufrido persecución y me he arrancado alma, corazón y vida, que dice el bolero. También en nombre del amor (blindness) he cometido las mayores estupideces, he causado dolor, he sido torpe y he privado de la sonrisa a quien quería. Debo pedir perdón por esa ceguera que me ha conducido a maltratar a mis recipientes de agua. Porque por lo visto Masaru tiene razón, y hay que tener cuidado con las vibraciones que emitimos hacia los demás, porque tanta potencia y arrebato y ceguera sin control no forman parte del aprecio auténtico, el que nos hace mejores personas, nos salva, nos sana y se expande hacia el mundo. El amor ciego e impulsivo nos convierte en una egoísta marmita de autocomplacencia donde dos (o más) personas flotan absurdas y ajenas a todo lo que les rodea. Y no hablo sólo de relaciones de pareja, si no que cualquier forma de afecto con resultado nocivo y redundante, sin energía e impulsión hacia el exterior. Hay que ser generoso, e irradiar ese puñetero amor que nos consume: adopta a un animal, respeta por fin a los diferentes, ayuda en el huerto urbano de tu barrio o milita en una asociación benéfica. Pero sal de la tontuna de no ver más allá del centro de tu ombligo amoroso, que como decía Gabriel García Márquez, “el corazón tiene más cuartos que un hotel de putas” y ahí fuera te necesitan más personas.

Nuestro afecto, por arrebatado y brutal que nos parezca en un primer y químico momento, no es fértil ni nos hace felices realmente hasta que aprendemos a canalizarlo. Progresivamente, saldremos de nuestro “nichito de amor” (sí, eso es cuando la cosa se estanca),  y emitiremos vibraciones al mundo, teniendo en cuenta su voluntad y atendiendo a las vulnerabilidades que genera estar queriendo a alguien. Porque cuando uno empieza a querer a otra persona, de repente se vuelve blando y susceptible, o como decía Santa Teresa, “si Satanás pudiera amar, dejaría de ser malvado”, hasta tal punto nos vuelve frágiles el cariño. Y por eso hay que cuidar a los que queremos (de la especie que sean) como si fueran esos cristales, y decirles cosas bonitas y simples para que vibren y se embellezcan, y nosotros con ellos. No hay que olvidarse de eso, nunca. El verdadero
1926 Movie still heart on wall womantriunfo amoroso en nuestras vidas pasa por saber cristalizar de manera hermosa a las personas, animales y seres vivos que nos rodean. Hay que dejar de ser ciegas en el amor, para ser observadoras y considerar nuestro entorno de una manera más justa, respetuosa y, porqué no, divertida. La solemnidad del amor es lo peor que le puede pasar al amor. Cuando el sentido del humor abandona una relación podemos considerar que es la señal fundamental para empezar a abandonar el barco. No queda nada. Así que, queridas, como escribía el poeta R. W. Emerson, si queremos conocer el verdadero éxito, la cosa consiste en “reírse a menudo y amar mucho… apreciar la belleza, encontrar lo mejor en los otros y entregarse uno mismo”, sin miedo.

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