* Sendas de Oku *

·Comunicación ·Energía ·Acompañamiento

Los mensajes del agua: tratando de irradiar amor

Heres-Why-You-Should-Convert-Your-Music-To-432-hz-Water-Memory

Love is blindness
I don’t want to see
Won’t you wrap the night around me
Oh my love
Blindness.

U2, Achtung Baby. 1991

En 2006, el japonés Masaru Emoto demostró científicamente que el amor, la belleza y los deseos positivos pueden cambiar la materia de manera favorable. Su experimento consistía en rotular diferentes recipientes de agua con palabras apreciativas como “amor”, “gracias” o “paz” y después de algún tiempo, congelar una muestra para observar las bellas formas que se obtenían en los cristales tras el estímulo. Curiosamente, el agua nominada de manera agradable, sometida a música de cámara, envuelta por hermosas imágenes, o sobre la que se proyectaban oraciones budistas, resultaba en formas armoniosas, delicadas y simétricas; por contra, los líquidos que recibían “maltrato emocional” o estaban rodeados de desaliño, revelaban cristales deformes y turbios.

Masaru sostenía que esta comprobación reafirmaba que los seres vivos, compuestos en al menos un 70% de agua, somos totalmente permeables y cambiantes por el poder de las vibraciones positivas que recibimos en nuestras vidas. Que eso explicaría quizás nuestras formas más burdas o enfermas si somos maltratados o jamás nos exponen a la belleza. Nuestra vibración baja de intensidad si sólo recibimos información negativa y carente de atractivo; es decir, que si no sentimos y emitimos amor, nos convertimos en toscos reflejos de lo que podríamos ser gracias a la ternura, la entrega y el júbilo. Ya os podéis imaginar que al escritor de “Los mensajes del agua” la comunidad científica internacional le linchó por necio, manipulador pseudocientífico y comercial sin escrúpulos, pero oye, me parece precioso lo que afirmaba, y me quedo con lo de que el afecto real modifica conciencias, emociones e incluso puede mejorar nuestra salud, así que lo tomo de excusa para escribir sobre el amor.

Persona-TendernessPuedo considerarme una persona muy afortunada porque me han querido profundamente y, a mi vez, yo también lo he hecho de manera incondicional, apasionada y con la más opaca de las vendas en los ojos. Desde que dispongo de memoria emocional consciente (empecé a tenerla a los 22 años, antes era una aletargada adolescente/joven sin mucha idea de lo que quería), disfruto tremendamente del hecho de saberme rendir a los sentimientos sin temor ninguno. He estado locamente enamorada y he sido fuerte como una enorme bestia de narices humeantes gracias a la química del amor, o como decía Lao Tzu: “Ser profundamente amado por alguien te da fuerza, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje”. Todo lo he podido: he emprendido altas cumbres, he luchado en todos los rings, he sufrido persecución y me he arrancado alma, corazón y vida, que dice el bolero. También en nombre del amor (blindness) he cometido las mayores estupideces, he causado dolor, he sido torpe y he privado de la sonrisa a quien quería. Debo pedir perdón por esa ceguera que me ha conducido a maltratar a mis recipientes de agua. Porque por lo visto Masaru tiene razón, y hay que tener cuidado con las vibraciones que emitimos hacia los demás, porque tanta potencia y arrebato y ceguera sin control no forman parte del aprecio auténtico, el que nos hace mejores personas, nos salva, nos sana y se expande hacia el mundo. El amor ciego e impulsivo nos convierte en una egoísta marmita de autocomplacencia donde dos (o más) personas flotan absurdas y ajenas a todo lo que les rodea. Y no hablo sólo de relaciones de pareja, si no que cualquier forma de afecto con resultado nocivo y redundante, sin energía e impulsión hacia el exterior. Hay que ser generoso, e irradiar ese puñetero amor que nos consume: adopta a un animal, respeta por fin a los diferentes, ayuda en el huerto urbano de tu barrio o milita en una asociación benéfica. Pero sal de la tontuna de no ver más allá del centro de tu ombligo amoroso, que como decía Gabriel García Márquez, “el corazón tiene más cuartos que un hotel de putas” y ahí fuera te necesitan más personas.

Nuestro afecto, por arrebatado y brutal que nos parezca en un primer y químico momento, no es fértil ni nos hace felices realmente hasta que aprendemos a canalizarlo. Progresivamente, saldremos de nuestro “nichito de amor” (sí, eso es cuando la cosa se estanca),  y emitiremos vibraciones al mundo, teniendo en cuenta su voluntad y atendiendo a las vulnerabilidades que genera estar queriendo a alguien. Porque cuando uno empieza a querer a otra persona, de repente se vuelve blando y susceptible, o como decía Santa Teresa, “si Satanás pudiera amar, dejaría de ser malvado”, hasta tal punto nos vuelve frágiles el cariño. Y por eso hay que cuidar a los que queremos (de la especie que sean) como si fueran esos cristales, y decirles cosas bonitas y simples para que vibren y se embellezcan, y nosotros con ellos. No hay que olvidarse de eso, nunca. El verdadero
1926 Movie still heart on wall womantriunfo amoroso en nuestras vidas pasa por saber cristalizar de manera hermosa a las personas, animales y seres vivos que nos rodean. Hay que dejar de ser ciegas en el amor, para ser observadoras y considerar nuestro entorno de una manera más justa, respetuosa y, porqué no, divertida. La solemnidad del amor es lo peor que le puede pasar al amor. Cuando el sentido del humor abandona una relación podemos considerar que es la señal fundamental para empezar a abandonar el barco. No queda nada. Así que, queridas, como escribía el poeta R. W. Emerson, si queremos conocer el verdadero éxito, la cosa consiste en “reírse a menudo y amar mucho… apreciar la belleza, encontrar lo mejor en los otros y entregarse uno mismo”, sin miedo.

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