* Sendas de Oku *

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Sororidad queer: hermanas en lo torcido

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“No hay que tener miedo al cambio, sino buscarlo. Porque cambiar es detenerse en el camino y subirse a un alto para ver lo que va siendo nuestra vida, en qué se parece a lo que nos gustaría que fuese.” Josefina Aldecoa

Pues si, un paso más y otra vuelta de tuerca. Porque me da la gana y porque la teoría la inventan las teóricas con morro. Pues ala. Que sepáis que desde ahora declaro obligatoria y prioritaria la “sororidad (1) queer”. Que sí, que esto va de que consideres como tus hermanas de leche, fluidos e ideas, a todas aquellas (con)géneras torcidas, extrañas, desviadas, raras y transgresoras como tú. Se trata de reconocerse como aliada, y no como opuesta. Entre las cuir (uy, que a ti no te gusta que te trate en femenino, perdona rey) no tiene que haber antagonismos o distancias insalvables, sino colaboración. -O si no puedes con tu vida, pues que al menos no hagas zancadillas a esa zorra que tanto te molesta-.

Todas hemos experimentado la exclusión, el rechazo, la opresión, el dolor, el abandono, la pérdida. Y aunque no te dé la gana, eso nos hermana, mariví. Y nos da herramientas para el cambio y la trans-formación. Vamos, que si la lagarta necesita cualquier aditamento, ánimos, lentejuelas, plumas, lápices, espadas o lengüetazos, vayas corriendo para allá y se los prestes. Que si a la perra de tu (en)(a)miga se le ha perdido un hueso, se lo restituyas. Que le lamas la patita herida si hace falta, coño. Primero las setenteras proclamaron urgente lo de la solidaridad femenina (a las de los sesenta eso ni se les pasaba por la cabeza, tenían demasiado trabajo en quitarse los bigudís por la noche sin que les viera su marido), por aquello de acabar con lo del peor enemigo de una mujer es otra mujer. Ellas nos animaron a actuar bajo un pacto de no agresión mutuo (que triste suena), un compromiso entre mujeres que decía que la acción es prioritaria para detener los abusos y percances a los que nos somete a todas el heteropatriarcado. Por eso mismo, las sorellas emitíamos un agudo grito de guerra enteramente sisterhood para protestar contra cualquier injusticia que ahogara a nuestras hermanas chinas, negras, peruanas o vallisoletanas.

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“Ser mujer es fascinante, constituye una aventura que requiere considerable valentía, un desafío que nunca llega a aburrir”. Oriana Fallaci

No se trata(ba) sólo de acudir a manifas, hacer minutos de silencio, pintarse la cara, rezar el rosario, hacer colectas o de tomar un carácter asistencial. ¡Una tenía quecreerse igual a su vecina! ¿Que yo, universitaria de pro, leída y viajada soy igual quela antillana esa llena de roña, tan maltratada y explotada? Anda, anda, pásame otro gintonic que les voy a organizar una concentración delante del ayuntamiento y van que se las pelan. Mira tú que difícil pero que hermoso era lo que nos proponían nuestras madres, tías, amigas de los ’70, isn’t it?Y ahora os pido una nueva sororité. Evolution. Sister, my sister (oh, my!). Pero ahora va, de todos los seres con pluma del planeta. -Ay, ahora no sé si tendría que haber dicho esto de la pluma-. Venga, me arriesgo y digo también aquello de ni mujeres ni hombres ni trans ni cyborg sino todo lo contrario.De verdad, reina, es que lo que pasa es que esta que escribe cree que todas las queer, todos los intersex, middlesex, personas autoetiquetadas y paradefinidas tenemos que defendernos a uñas, dientes, camión y laca de la transmarikabollofobia, la represión, la gazmoñería y la repelencia imperantes en esta sociedad del XXI de la“tolerancia” y la triple moral: “te tolero siempre que te comportes debidamente, noescandalices, marika!”.

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“Lo importante no es ser “queer” (esto sería una contradicción puesto que “queer” no es una identidad) sino mantener una actitud crítica con respecto a los efectos normalizadores y excluyentes de toda identidad sexual”. Beatriz Preciado

Hay que limar diferencias, queridas, dejar de discutir por esto y por aquello. Que si yo soy gayer y no trago a bolleras y mariliendres. Que si tu te tomas más hormonas que yo, que si yo no quiero tomar, que si me opero, que si nos operamos todas o no vale. Que si soy la más radical porque me meto un frigodedo en el coño mientras suena Mozart, que si esto no es queer porque no sangra ni grita ni tiene orgasmos. Señoras, señores, monstruxs: ¡basta ya!. Ya lo dicen los fascistoides y las beatorras de medio pelo, ya. Que divide y vencerás. Que mientras más nos arañemos y peguemos con el bolso (o con el dildo, que más da), más tiempo les da a ellos a ganar elecciones, lanzar decretos y subirse a las peanas, púlpitos y periódicos para proclamar lo enfermitas y desviadas que somos. 
Amémonos, pues, las unas a las otras, va… Hagamos el esfuerzo de escucharnos y crear nuevas complicidades aunque seamos garrulas, hormonadas, ositas, ilustres, históricas, locas, femeninas, modernas, feas, musculosas, camioneras, parapléjicas, tontas, gordas, operadas, universitarias, marikas, cisgéneras y travelas. Eso sí, no volvamos a caer en un ejército de salvación o en una “Sección Femenina” evolucionadas hacia lo torcido; simplemente tomemos el compromiso firme de echarnos una mano, alimentar lo que hace la compañera, animar las iniciativas de la vecina, y no sacarnos ningún ojo. Aún podríamos crear el paradigma de la liberté, fraternité, sororité monstruoso. Creedme, la mayor de las revoluciones, subversiones, provocaciones y masturbaciones públicas, escandalosamente y rabiosamente modernas y estupendas, es quereros, nenas! O como decía Itziar Ziga:

 “Seguir aprendiendo a defendernos unas a otras. A generar espacios de seguridad y gozo colectivos. A minimizar el inmenso daño que recibimos cuando respondemos a su violencia. A no cuestionarnos unas a otras y empatizar políticamente. A no reprocharnos a nosotras mismas las alianzas que elegimos y tampoco las que no elegimos. A pedirle aliento y protección divinas a Sylvia Rivera, aquella travesti puta portorriqueña yonky sintecho guerrera y activista siempre que lanzó un tacón contra la policía el 28 de junio de 1969 en la puerta del bar Stonewall en Nueva York. Y a celebrarnos cada día no sólo por resistir y plantar cara al enemigo heterodominador, sino también por disfrutar cada minuto de estas vidas que son más nuestras porque nos las hemos ganado a pulso”.

“Es urgente e imprescindible en el siglo XXI una rebelión de cuerpos”. Beatriz Preciado


(1) “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”. Marcela Lagarde, antropóloga mexicana

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