* Sendas de Oku *

·Comunicación ·Energía ·Acompañamiento

La cita más importante de mi vida.

“Amarse a uno mismo es el comienzo de una larga vida romántica.” Oscar Wilde

Hacía mucho tiempo que no quedábamos. No había modo de encontrar un hueco en nuestras respectivas agendas porque nuestros horarios no coincidían: las obligaciones familiares, el trabajo, el cansancio o la desidia, nos lo acababan impidiendo. Dicen que la distancia es el olvido, y sí. La relación se había deteriorado muchísimo y ya casi la dábamos por perdida. Ya sabéis que cuando pasamos demasiado tiempo sin hablar con alguien nos cuesta retomar el contacto, como si algo se hubiera roto o fuera imposible reconectar por miedo, vergüenza o dejadez. Pero a pesar de todo, ella y yo nos echábamos mucho de menos, y a menudo la una pensaba en la otra con nostalgia; sentíamos que aún nos quedaba mucho por compartir. De repente, un día en el que la rutina había sido terriblemente gris, decidimos reorganizar nuestras prioridades y valorar de nuevo las pequeñas cosas. Aprendimos a ser egoístas en los afectos para así pensar nuestra relación como el asunto más urgente. Aparcamos las excusas, la pereza, la sobrecarga y la indolencia. Y quedamos para fundirnos en un gran abrazo.

Os lo cuento aquí porque ha sido el encuentro más importante que he tenido en estos últimos tiempos: he disfrutado, al fin, de una cita conmigo. Por primera vez en mucho tiempo, me he dedicado unas horas, sólo he estado íntegramente pendiente de mí y de lo que me hace feliz. Sin filtros ni concesiones a nadie. Establecí meticulosamente el tiempo y el espacio para disfrutar de las cosas que me gustan: en esta ocasión escogí dar un paseo en silencio y acercarme a lugares que me reconectan con lo que soy o me recuerdan lo que quiero. Como dice la “Canción de las simples cosas”, escrita por César Isella, y tan bellamente interpretada por Chavela Vargas:

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol, la mesa tendida.”

También decidí llenarme los ojos de belleza, ya no con los jardines urbanos que visité, si no también con el arte. A pesar de que no tengo formación en arte ni soy una conoisseur, me gusta sentirlo a menudo, y zambullirme aunque no tenga las palabras para describirlo, o una crítica desarrollada y madura. Tampoco encuentro tiempo para visitar los museos que me gustan o, si he podido hacerlo, he sentido la premura de no importunar a mi acompañante con mis demoras de friki irredenta. Me gusta detenerme muchísimo en cada cuadro, observar el trazo, acercarme, casi tocar la fibra del pincel que ya no está, e imaginarme el momento de la plasmación, hace tantos siglos. Y adoro hacerlo, sobretodo con la pintura medieval y del renacimiento. Me transportan, viajo mentalmente con la música que trasminan sus lienzos, tablas y  frescos. Y experimento entonces la sinestesia absoluta: veo olores (nauseabundos y delicados) y escucho gradaciones de vivos colores, que acaban en el pan de oro de las puntas de mis dedos, deseosas de infringir la norma del museo (no tocar). Quiero saborear el relieve de esa pintura, sin más proporcionalidad ni perspectiva que la propia anima mundi. Me dejo secuestrar por la abstracción parlante de los maravillosos mártires, vírgenes y cristos dolientes, que se debaten entre almas desesperadas y extrañas figuras daimónicas. Orgía visual sólo para mí y sin tener que dar explicaciones ni ser una estupenda ante nadie.

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“Siempre estás contigo mismo, por lo que también deberías disfrutar de la compañía”. Diane Von Furstenberg

La cita, pues, resultó un éxito. Llegué a mi casa recargada, plena y radiante. Con una nueva mirada, menos tensa y crispada con la vida. Ahora tengo más ganas de enfrentarme a esa rutina que me asfixia, y he resuelto que no pasará tanto tiempo para volver a citarme. Así que, por el cariño que os tengo, os recomiendo vivamente que os reunáis de una vez por todas con vosotrxs mismxs, que quedéis por fin con vuestra mismidad, tan olvidada a menudo por tantísimas razones (cada uno tendréis la vuestra). Fijad un día para el encuentro, elegid el plan que más os apetezca, aquello que siempre postergáis o que no sabéis con quién compartir. Os aseguro que seréis vuestra mejor compañía ese día. A principio os resultará extraño, como cuando hace mucho tiempo que no has visto a una amiga, y los primeros minutos resulta algo incómodo o turbador. Repentinamente, os daréis cuenta de que el cariño que os tenéis sigue ahí y os ayuda a fluir, a sentiros a gusto y las horas os pasan sin daros cuenta.

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“Amarse a sí mismo es reconocerse y elogiarse verbalmente. Es aprobar totalmente las propias acciones. Estar seguro de las propias habilidades. Amar el propio cuerpo y admirar la propia belleza.” Sondra Ray

Los planes son infinitos, dependiendo de lo que echéis en falta en vuestros adentros. Os puede apetecer un paseo por la playa de manera consciente, asistir a un taller de constelaciones o disfrutar de una lectura postergada, acompañada de un buen vino. Quizás podríais ir al cine, a ver esa película a la que nadie quiere acompañaros, o asistir a un concierto de música bizantina. ¿Y escuchar ese disco de U2 cincuenta veces seguidas, sin nadie que os censure el gusto u os llame cansinos?.
Y están las otras citas, también necesarias, las del hedonismo absoluto. En esas decidimos ponernos bellos y perfumados para nosotras mismas y seducirnos. El día a día a veces nos embrutece y mina nuestra autoestima, así que una cita sensual con nuestro cuerpo y nuestras ganas de fascinarnos, es imprescindible. Un baño o ducha aromáticos, a solas, con velas, incienso y música que nos haga vibrar. Luego una cena rica y caprichosa. Eructar a gusto. Un buen vino o cualquier bebida que nos alegre el corazón. Y consumar la cita, por qué no. Tocarnos con cariño, regalarnos el placer que la rutina o una pareja demasiado cansada o poco predispuesta no nos procura, llegar a ese orgasmo libre, liberador y profundo que sólo nosotras nos podemos brindar. Y luego dormirnos mimándonos con ternura, sintiendo que el abrazo más importante de nuestras vidas, es el primero que nos damos a nosotras mismas.

Crea una cita inolvidable. Y trabaja ese quererte y cuidarte cada vez que te encuentres a solas con lo que eres. Recuerda que si no, como decía Pablo Neruda, “algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente, te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Así pues, ¿cómo tienes la agenda esta semana?

2 comentarios el “La cita más importante de mi vida.

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