* Sendas de Oku *

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El banco, La Torre y la espada de Damocles.

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Miniatura de la Crónica de Manasés, siglo XIV: Construcción y destrucción de la Torre de Babel.

2004. Un trabajo que parece estable y una salud de hierro. Nos casamos y claro, los ancestros aconsejan que “por lo que te cuesta un alquiler mejor compras y que te quede para tí”. La mosca, borracha del néctar de la bonanza, cae en la trampa: banqueros amables, hipoteca asumible, firma de cláusulas ininteligibles, y tira millas que mañana será otro día. Y ya si eso, nos decimos.

2008. Todo se desploma en pocos meses, sin aviso: el trabajo, la salud y el país. La Torre se nos desmorona con la crisis. La situación se nos hace insostenible y tenemos que pedir clemencia al banco para seguir pagando, reunificar deudas, aceptar condiciones sospechosas y apretarnos. Ser autónoma y estar enferma acabó por arruinar a mi familia de entonces. Cada vez debíamos más recibos y dependíamos más de los familiares. Cada vez sentíamos más desesperanza y el sufrimiento era terrible.

2011 – 2012. La realidad se endurece todavía más: sigue faltando el trabajo y se acaban los recursos y las ayudas. No tenemos ahorros, ni nos queda nada para vender. La pareja se quiebra. Las negociaciones con el banco son todavía más estériles, y se alargan en el tiempo. La rutina se torna desagradable y es incompatible con la misma vida. Sólo queda solicitar una dación en pago: perder el sueño, el hogar y la estabilidad, pero librarse de deudas y angustias.  A otras familias ya las han deshauciado. Ahora el banco es un extraño que aprieta y ahoga, que exige y no contesta. Un perdonavidas que usa técnicas de cobrador del frac para atemorizar. (1)

2012. Se rompe la pareja, la vida, el hogar, las intenciones y la confianza en el futuro. Finalmente llega la “piedad”, el tiro en la sien: el banco concede una dación en pago. Pero parcial. No avisan (traidores, claro), y nosotras no sabemos qué significa. No hay letrados que nos asesoren, no llegamos a saber de la ayuda de la PAH, y el miedo hace que firmemos. Entregamos en el notario las llaves de nuestra casa y a cambio nos llevamos una deuda de miles de euros imposible de saldar jamás. Nos acaban de regalar una espada de Damocles en la notaría. El banco nos vomita de sus entrañas y nos dice que ya nos contactarán para retornar esa deuda, que tranquilidad. De nuevo, como al principio: firma de cláusulas ininteligibles, y tira millas que mañana será otro día. Y ya si eso, nos decimos. Lo hemos perdido todo.

damocles

“Para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia, con su refinamiento, no tendrán dulce sabor, y el canto de los pájaros, y los acordes de la cítara, no le devolverán el sueño.” Horacio, Odas III, 1

2013 -14. El terror nos empuja por separado a casa de amigos, que nos ceden sus casas para poder empezar de nuevo. Sentimos vergüenza por eso, nos ocultamos. La vida se complica más, soy cruel, hay mucho sufrimiento y desorientación, hay terapeutas, amigos, alcohol, poco trabajo, depender de los demás, sentir soledad y miedo. Nos atacamos, nos reencontramos, nos hacemos más daño, huimos, mentimos, trabajamos en negro, en gris, precarias siempre. Cometemos errores, dejamos de hablar a buenos amigos (los que nos dejaron su casa, es imperdonable pero el desgarro mental es así).  Ella creció por otro lado, yo me volví ermitaña entre tanta torre destruida, con la rueda de la fortuna girando hacia la muerte. El final de una vida entera. Renacemos como el Fénix. Volvemos a amar y a confiar en la vida, poco a poco.

2015. Por fin la senda está más clara, hay trabajo precario, vivienda precaria y nuevas expectativas. La pareja rota ahora se ha perdonado y cada una sigue su camino, intentando situarse aún después de tanto malestar y miseria. Todo parece en calma, y se consigue cierta paz mirando al futuro.

De nuevo, Damocles: Recibimos desde el juzgado, sin explicación alguna, un mazacote de papeles. Nos ejecutan. El banco ahora se llama como otro banco. Uno se comió a otro, y el que ha ganado se encontró nuestro expediente, dinero fresco, demanda fácil. De nuevo sólo sobrevivimos, así que no nos podemos costear abogados, y los de oficio son para personas que todavía están más hundidas o en los márgenes. No sabemos a quién acudir, llamamos a mil puertas. Vuelve la desesperación y vuelves a llorar, a tragar saliva, a temer al futuro, a recordar todo el sufrimiento como si no hubiera pasado el tiempo. Nos han vuelto a quitar el derecho a una segunda oportunidad, a ilusionarnos. Descubrimos que estamos dañadas y que cualquier problema nos atenaza y nos destruye la moral, nos obliga a llorar amargamente. Nos arrancan de nuevo de los brazos de un futuro sin miedo. Este país es devastador con la clase media-baja. Hija de pescador sin padrinos, ni dinero ni amigos influyentes. Nadie escucha atentamente; silencio y miedo. Suerte de mi compañera, de la fortaleza adquirida, de las ganas de no dar el brazo a torcer y de conseguir la condonación de una deuda que nos tiene cuerpo a tierra. Tenemos ganas de hacer un crowdfunding para conseguir la defensa de un buen abogado y que no se salgan con la suya, condenándonos para siempre a renunciar a la prosperidad y a vivir sin lastres. Necesitamos ayuda, tenemos el cuello de nuevo en la picota. Y esto, no es una historia más.

Viñeta-Forges


 

(1) Poema “Monstruos” de Txus García en la antología “Indignhadas”. Urania Ediciones, 2012:

“(…) Tiemblo y me rechinan los dientes;
hoy a las 9 viene el Tasador.
Pondrá precio, a la baja a mi hogar,
a mi proyecto, a mi família,
al esfuerzo de pagar hipoteca
durante tantos años de miseria.

Tasará mi vergüenza al pedir
dinero a mis viejos padres con
ya 37 años. A trabajar en negro,
sangrando la lengua por morderla
de rabia.
¿Cuál es el precio de mercado de mis
manos atadas, muertas, que atesoran
fluoxetina para no llorar a diario?.

No culpéis al Tasador, ese hombrecillo
gris que pide los planos de mi vida,
cumple un cometido fundamental:
no mirar a los ojos a los deshauciados.
Los monstruos nunca se cansan de
asustar. Es su trabajo. Tienen suerte.

¿Qué hacer hoy cuando venga? ¿Dónde
la cruz y el ajo? ¿Y la estaca?
Sólo me queda entregarme.
Devorada, al fin, por la crisis que
siempre llamaba a la puerta de al lado.”

Un comentario el “El banco, La Torre y la espada de Damocles.

  1. marianocardillo
    24/09/2015

    Exelente crónica y el paralelismo con lo espiritual. Muy bueno.

    Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada el 23/09/2015 por en Entradas de Blog, Personal.
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