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9/9/9: Habla El Ermitaño.

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“Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.” (Jung)


En la terminología junguiana El Ermitaño representa el arquetipo del Viejo Sabio. Al igual que Lao-tzu, cuyo nombre significa «anciano», el fraile aquí representado encarna una sabiduría que no se halla en los libros. Su don es elemental y no tiene edad, como el fuego de su lámpara. Es hombre de pocas palabras, vive en el silencio de la soledad, el silencio anterior a la creación sólo del cual puede tomar forma un nuevo mundo. No nos trae sermones, se ofrece a sí mismo. Por su simple presencia ilumina la búsqueda temerosa del alma humana y calienta los corazones vacíos de esperanza y de sentido. Según Jung, esta figura personifica «el arquetipo del espíritu… el sentido oculto preexistente en el caos de la vida».


(…) Un empobrecimiento del espíritu humano, y la consecuente disminución de la energía psíquica, han forzado a un número cada vez mayor de seres humanos en todos los campos a mirar dentro de sí mismos para encontrar lo que Jung llamó «el desconocido sí-mismo», con toda su reserva de energía primaria, así como su sabiduría ancestral.


(…) Una mirada a los dulces ojos de este monje nos indica que ha caminado con esfuerzo a través de los siglos, no para predicar ni para reprendernos por hacer algo mal. Sentimos que lo que quiere realmente es saber quién, si es que hay alguien, está «ahí», y que va a aceptar cualquier respuesta que vayamos a darle, incluso nuestro silencio, si es eso todo lo que tenemos que ofrecerle. Sus ojos miran sin miedo, con calma, llenos de admiración, completamente abiertos. Podemos imaginar que su mente y su corazón están igualmente abiertos. Su expresión parece combinar la admiración de la niñez con la paciencia de la experiencia.


(…) Atrapado en el metro en lo que llaman «hora punta», uno puede encontrarse como parte integrante de una horda de zombies anónimos, cada uno inmovilizado en un confinamiento solitario público, y cada uno encasillado en el propio símbolo de su status social, cada uno armado contra todo contacto humano, pero además cada uno protegido contra la verdadera soledad.


Siendo una nación de extrovertidos, nos hemos dirigido naturalmente a la terapia de grupo como antídoto para este aislamiento. Llenas de esperanza y de coraje, las almas timoratas se programan afanosamente alrededor de dinámicas de grupo, de encuentros de fin de semana para conseguir el descubrimiento del cuerpo, de lecciones llenas de alegría en grupos de meditación y así sucesivamente. En cada una de las estaciones de esta estéril peregrinación se preguntan tristemente los unos a los otros «¿Quién soy yo? Tócame. Siénteme… reacciona a mi presencia… dime quién soy. ¿Nos hemos separado tanto de nuestra razón de ser interior que existimos solamente en relación con los demás?. Cada vez parece más difícil aceptar los parajes solitarios que llevan a la autorrealización. El arte de la individuación, convertirse en el único yo-mismo es (como su nombre indica) una experiencia intensamente personal y a veces muy solitaria.


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(…) Quizá, con la ayuda del Ermitaño, nos podríamos atrever a permitirnos a nosotros y a otros la oportunidad de una introversión creativa en circunstancias favorables. Tales períodos de soledad no son morbosos ni antisociales; pueden devolvernos al mundo con una energía renovada para la acción y un agudizado sentido de nuestra identidad y de nuestro rol especial en relación con el mundo.


(…) El Ermitaño del Tarot puede, pues, simbolizar la humanidad que camina solitaria por esta tierra, llevando solamente la pequeña luz de la consciencia diaria para iluminar la creciente masificación que trata de apoderarse de este mundo. El hombre está al borde de una revolución en potencia de la consciencia humana. Quizá la ayuda deseada descienda de los cielos, quizá se halle solamente en la constelación celestial que poseemos en nuestro interior.


(…) Visto a la media luz del ensueño, este Ermitaño parece moverse firmemente; el movimiento de su marcha apunta ya el gesto de su retorno. Parece estar diciéndonos que la vida es un proceso, no un problema, que el Tao es un viaje, no una meta. Buda dijo: «El mundo es un puente, crúzalo; pero no construyas nada sobre él».


(…) Este Viajero utiliza su lámpara para iluminar su propia oscuridad. Su luz brilla para otros, por supuesto, pero no lo hace de modo deliberado. Si las vidas son iluminadas a su paso, se deberá a que ha ayudado quizá de la única manera en la que el ser humano puede ayudar a los demás, esto es; siendo plenamente él mismo.


Jung y el Tarot. Un viaje arquetípico, Sallie Nichols

3 comentarios el “9/9/9: Habla El Ermitaño.

  1. Rita Lopez
    15/09/2016

    Gracias hermoso!

    Me gusta

  2. Pingback: El héroe de tu infancia. | * Sendas de Oku *

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